miércoles, 30 de julio de 2014

Condicionalidad económica sin condición social



Condicionalidad económica sin condición social

Los hombres, pudiendo ser desiguales en fuerza o en talento,
 se hacen iguales por convención y por derecho

J. J. Rousseau

La imposición de un modelo político-económico de las instituciones financieras internacionales hacia los países en desarrollo, no ha generado el resultado esperado por los gobiernos y las sociedades. La  exigencia y aplicación de condiciones inapropiadas, tanto el Fondo Monetario Internacional como el Banco Mundial, impide que el financiamiento realmente cumpla con los objetivos que se plantean, más bien, el fracaso de sus criticadas políticas, evidencian sus debilidades institucionales, deslegitimando así su autoridad moral en asuntos económicos.

Entre las principales instituciones financieras internacionales, podemos hacer referencia al Banco Mundial (BM) que ha estado dedicado a otorgar préstamos a largo plazo para proyectos y programas en los países en desarrollo; así como el Fondo Monetario Internacional (FMI), que tiene por misión la promoción de políticas cambiarias sostenibles a nivel internacional, facilitar el comercio internacional y reducir la pobreza (corto plazo).

Como mandato derivado del Consenso de Washington, el BM y el FMI hacen uso de los  programa de ajuste estructural (PAE) como condición a un país para otorgarle respaldo financiero destinado a afrontar un grave problema de pagos internacionales. Se trata de una receta única y de pretendida validez universal que se aplica con independencia de la situación particular de cada país. Y a ella se han sometido más de noventa países del Sur y del Este durante las dos últimas décadas del siglo XX, para resolver el problema de Deuda Externa.[1]

El énfasis  del FMI y  del BM  en los PAE se fundamenta en la modificación de las políticas domésticas con el propósito de de aumentar la capacidad de servir la deuda. Cuando el FMI negocia préstamos nuevos con un país deudor, usualmente aprobará préstamos sólo si el país menos adelantado (PMA) adopta diversas medidas de condicionalidad que por lo general incluyen la reducción de los déficits presupuestales gubernamentales y de la oferta monetaria, así como la adopción de un tipo de cambio realista que implica la devaluación de la moneda doméstica.[2] Otras políticas recomendadas incluyen la  eliminación de la producción gubernamental y subsidios de consumo y de controles de precios distorsionados. Estas medidas permiten que sea el mercado el que asigne los recursos, y por tanto mejorará la eficiencia, según en FMI. Es importante aclarar que del cumplimiento de estas condiciones dependerá el otorgamiento de nuevos préstamos al PMA por parte del Fondo.

En Octubre de 2007, el FMI y el gobierno de Nicaragua suscribieron el PRGF- Servicio para la
Reducción de la Pobreza y el Crecimiento-  2007-2010 (un acuerdo a tres años por Derechos Especiales de Giro 71,5 millones, alrededor de US$111,3 millones), en ese sentido, la  investigación[3] realizada por Eurodad[4] mostró que, en promedio, la mitad del todas las condiciones estructurales impuestas por el FMI a los países pobres a través del PRGF son condiciones vinculantes. Es decir, el FMI no solamente impone acciones previas a los países pobres (reformas en materia de política que deben ser implementadas antes de recibir los fondos) sino que además impone un criterio de desempeño (reformas de política que deben llevarse a cabo durante el transcurso de un año en el marco del PRGF para poder tener acceso al año siguiente). De acuerdo al economista nicaragüense Néstor Avendaño, el establecimiento de programas económicos del FMI en Nicaragua no es producto de una negociación sino de una imposición, porque nuestro país no tiene capacidad de pago en el mercado financiero internacional y porque nuestros servidores públicos no han mostrado una apropiada capacidad de negociación política y técnica.

Por otra parte, las operaciones más corrientes del Banco Mundial son los préstamos para proyectos que representa un 70% de los créditos, otorgados específicamente a grandes proyectos en materia de infraestructura y agricultura orientados a la expansión del comercio mundial. No obstante, el 30% del crédito del Banco Mundial se otorga en la forma de préstamos basados en políticas (PAE). Al igual que el FMI,  el desembolso de préstamos se encuentra condicionado con la adopción o implementación por parte del gobierno de reformas explícitas delineadas en los documentos y acuerdos crediticios.

Los programas de ajuste estructural son poseedores de críticas por los diversos efectos (de índole económica, social y política)  que ocasionan en las economías en las que se aplican. Para OXFAM Internacional, estas condicionalidades impuestas de política económica anulan la efectividad de la ayuda y menoscaban el proceso nacional de toma de decisiones que es vital para el desarrollo sostenible. Por tanto, considero que analizar el impacto en la consecución de los Objetivos de Desarrollo para el Milenio (ODM), se convierte en un referente mundial sobre la validez o nulidad de la receta única impuesta por estas instituciones financieras.

Hetty Kovach[5] documentó en 2006 el dramático caso de Malí, pues siendo un país extremadamente pobre  se le ha dado menos ayuda de la que ha necesitado. El 90 por ciento de la población vive con menos de dos dólares diarios (el mayor colectivo de cualquier país del mundo con tan bajos ingresos), pero sin embargo recibe menos de la mitad de ayuda por persona que su vecina Senegal, un país menos pobre. A pesar de ello, el Banco Mundial ha impedido en forma deliberada que el gobierno obtenga más ayuda por no haber privatizado su industria algodonera. Malí recibe hoy como mínimo US$ 72 millones menos de lo que podría recibir. Este dinero se podría utilizar para pagar los sueldos de 5.000 profesores y profesoras durante los próximos diez años, en un país en que tan sólo un 17 por ciento de las mujeres de entre 15 y 24 años sabe leer y escribir. Según un informe no publicado del Banco Mundial al que Oxfam tuvo acceso, las consecuencias serán, con toda probabilidad, un incremento de pobreza del 4,6 por ciento en todo el país.
En Benín, país en el que la tasa de alfabetización de adultos apenas alcanza el 34% de la población, más de la mitad de las condiciones estructurales impuestas por el FMI (7 de 13) en el 2005 en el marco de de un acuerdo de tres años de PRGF, se relacionaban con la privatización[6]. Estas condiciones exigían a la población la privatización de la energía, las telecomunicaciones y el sector algodonero, y además impulsaban reformas portuarias con el fin de facilitar la privatización. Ello generó aumento en precios, disminución del empleo en el sector algodonero y por tanto, un retroceso en el alcance de los ODM.

Teóricamente los programas PRGF fueron formulados para apoyar  los esfuerzos de reducción de la pobreza de aquellos países pobres altamente endeudados que fuesen aceptados en el marco de la Iniciativa HIPC, lo que implica que el país debe elaborar una Estrategia de Reducción de la Pobreza, que supuestamente, constituiría el núcleo del Programa. En la práctica, las estrategias son sometidas a la revisión y aprobación de los Directorios Ejecutivos del FMI y el Banco Mundial, quienes pueden demandar cambios parciales o totales en las mismas, bajo pena de comprometer el financiamiento asociado al Programa.

En el caso de Nicaragua, para intentar alcanzar los ODM, se necesita aumentar de manera real (por lo menos duplicar) la inversión del sector público en salud, educación, ambiente, entre otros. Sin embargo, condicionalidad del FMI muestra una clara tendencia hacia la restricción permanente del gasto del sector público: en las Proyecciones del Marco Presupuestario de Mediano Plazo elaborado de acuerdo con el FMI, el techo para el Gasto del Gobierno (excluyendo el servicio de la deuda y las transferencias al Banco Central) se mantendría virtualmente congelado en alrededor del 20% del PIB[7], en un país que deja sin oportunidades educativas a 7 de cada 10 niños en edad preescolar, a 2 niños en edad de asistir a la escuela primaria y a 6 de cada 10 jóvenes en edad de asistir a la secundaria.

Por otro lado, a ello hay que sumar que existen graves vicios con la forma de gobierno del FMI, principalmente por la falta de representación y poder de opinión de los países de bajos y medianos ingresos en la cúspide de la institución, lo que provoca que la institución sea tildada de neoliberal y que en realidad responde a intereses económicos de Estados Unidos. Igualmente, el Banco Mundial es una institución perteneciente y regida por sus accionistas. A cada miembro se le otorga una cantidad determinada de votos que es aproximadamente proporcional al tamaño de su economía. En consecuencia, los países desarrollados controlan más del 60% de los votos y dominan la toma de decisiones en el directorio y les permite fijar la agenda del Banco.

Asimismo, las actuaciones del FMI en las economías en transición y en las crisis del Sureste Asiático, Rusia o Brasil han sido duramente criticadas, sobre todo por no tener en cuenta las consecuencias sociales de las mismas. Una de las más influyentes críticas a la que ha tenido que hacer frente el Fondo  ha sido la del ex-vicepresidente del BM, Joseph Stiglitz, quien acusa al FMI de no haber sabido hacer frente a las diferentes situaciones de crisis: "El FMI ha cometido errores en todas las áreas en las que se ha incursionado: desarrollo, manejo de crisis y transición del comunismo al capitalismo".  [8] Esto ha conllevado a muchos países emergentes a tener una gran desconfianza, así como también a perderle credibilidad a esta institución.

Otro obstáculo a vencer es desvincular totalmente la cooperación internacional bilateral, de los análisis económicos realizados tanto por el  FMI como del BM, pues se inhibe a los PMA de ejercer su soberanía en términos económicos y se incumple con el compromiso internacional de los países desarrollados de contribuir al desarrollo económico y social sostenible de los países en desarrollo.

En conclusión, es evidente que la composición institucional misma del FMI y BM ha provocado 2 cosas: primero, el no evaluar de forma sistemática el impacto de las reformas de política económica sobre las personas pobres.  Segundo, poner en duda ante los PMA y las economías emergentes el verdadero sentido y finalidad de dichas instituciones. Si los resultados de sus políticas no son satisfactorios para los países, entonces, no es justificable ni su intromisión en la soberanía nacional, ni la marginación social exigida a los Estados en los últimos 30 años. Aunque a raíz de la crisis financiera internacional de 2008, se supone que dichas instituciones han reorientado sus políticas, el discurso formal dista mucho de la realidad. Es lastimoso para el mundo entero y especialmente los más pobres, que la cooperación internacional multilateral no base sus objetivos en la verdadera realidad del necesitado, más bien, parece que de lo que se trata de lograr es en realidad un efecto contraproducente al esperado y deseado, con el fin último de continuar la dependencia económica, que hasta ahora se vislumbra como el verdadero resultado.










[1] Véase www.choike.org/nuevo/informes/1126.html
[2] Véase Salvatore, Dominick. Economía Internacional. Santa Fe de Bogotá, CO: Mc Graw Hill Interamericana, 1992.  Pág. 230
[3] Véase Informe La condicionalidad del Banco Mundial y el FMI: una injusticia para el desarrollo.  Eurodad, Junio de 2006
[4] Red Europea sobre Deuda y Desarrollo es una red integrada por 50 organizaciones no gubernamentales de 15 países europeos que trabajan sobre temas relacionados con la deuda, el financiamiento para el desarrollo y la reducción de la pobreza

[5] Principal asesor politico de Oxfam GB el fianciamiento para el desarrollo y los servicios públicos
[6] Véase Banco Mundial, Benin At a Glance: http://devdata.worldbank.org/AAG/ben_aag.pdf
[7] Véase www.intermonoxfam.org/.../Nicaragua_ODM_programaFMI.pdf
[8] Véase www.choike.org/nuevo/informes/1121.html

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