El término “pobreza” tiene
distintos significados en las ciencias sociales. Paul Spicker (1999) identifica
once posibles formas de interpretar esta palabra: necesidad, estándar de vida,
insuficiencia de recursos, carencia de seguridad básica, falta de
titularidades, privación múltiple, exclusión, desigualdad, clase, dependencia y
padecimiento inaceptable. La medición de la pobreza puede estar basada en
cualquiera de estas definiciones, la mayoría de los estudios económicos sobre
pobreza han centrado su atención casi exclusivamente en las concernientes a
“necesidad”, “estándar de vida” e “insuficiencia de recursos”. Para estas
opciones, los indicadores de bienestar más aceptados han sido la satisfacción
de ciertas necesidades, el consumo de bienes o el ingreso disponible.
Para determinar si una persona es
pobre, existen ciertas carencias que se han constituido en el común
denominador: a) hacinamiento, b) vivienda inadecuada, c) abastecimiento
inadecuado de agua, d) carencia o inconveniencia de servicios sanitarios para
el desecho de excretas; e) inasistencia a escuelas primarias de los menores en edad
escolar, y, f) un indicador indirecto de capacidad económica. (CEPAL, 2001).
Según las mediciones de pobreza basadas en ingresos, 1.200 millones
de personas viven con 1,25 dólares al día o menos. Sin embargo, las últimas
estimaciones del Índice de Pobreza Multidimensional del PNUD revelan que casi
1.500 millones de personas, de 91 países en desarrollo, viven en situación de
pobreza multidimensional, con carencias concurrentes en salud, educación y
nivel de vida. Y aunque en términos generales la pobreza está disminuyendo,
casi 800 millones de personas se enfrentan al riesgo de volver a caer en ella
por causa de alguna crisis o adversidad. (PNUD, 2014).
Desde 1990, el Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presenta su Informe sobre Desarrollo
Humano. En él se evalúa el estado del “desarrollo humano”, definido como el
proceso de ampliación de las posibilidades de elección de las personas. El
contenido del Informe está basado en el Índice de Desarrollo Humano (IDH),
generado como alternativa al PIB per cápita para medir el avance en las
condiciones de vida de la humanidad. (CEPAL, 2001).
El IDH se basa en tres
indicadores:
• Longevidad, medida en función
de la esperanza de vida al nacer.
• Nivel educacional, medido en
función de una combinación de la tasa de alfabetización de adultos
(ponderación, dos tercios) y la tasa bruta de matrícula combinada de primaria,
secundaria y superior (ponderación, un tercio).
• Nivel de vida, medido por el
PIB real per cápita (PPA en dólares)
De acuerdo al IDH de 1990,
Nicaragua era considerada un país en desarrollo, ocupando el puesto 85 en dicho
ranking (de 160 economías consideradas). Posteriormente, en el IDH 2013
encontramos a Nicaragua situada en la posición 132, donde se denotan las
debilidades con respecto a los países nórdicos, Corea del Sur, así como Chile y
Costa Rica, por ejemplo: menor esperanza de vida, menos escolaridad y menor
ingreso per cápita. Por tanto, se encuentra situada en la categoría de países
con desarrollo humano medio, en compañía de países como Namibia, Kiribati,
Vanuatu o Marruecos.
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PAÍS
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Clasificación IDH 1990
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Valor IDH 1990
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Clasificación IDH 2012
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Valor IDH 2012
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Nicaragua
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85
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0,612
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132
|
0,614
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Fuente: Elaboración propia con base en Desarrollo Humano: Informe 1991. PNUD-1991 e Informe sobre Desarrollo Humano 2014, PNUD.
Al comparar la funcionalidad del
gasto público de Nicaragua con los otros países, se observa que durante todo el
período 1990-2013, el Servicio de la Deuda Pública ha absorbido gran parte del
presupuesto del gobierno, mientras que Costa Rica por ejemplo lo ha dedicado a
educación, esto repercute por ejemplo en el nivel de años esperados y
escolaridad que se registra en el IDH.